Historia
del Transporte en la Ciudad de México
Cinco siglos de Transporte en la Ciudad de México
Mucho
antes de la llegada de los españoles a la Ciudad de México, hace más de 500
años, Tenochtitlan era una ciudad bien conformada, con sistema de drenaje,
tuberías subterráneas que alimentaban con agua potable los palacios, calles,
canales, calzadas y, por supuesto, contaban también con sistema de transporte.
Las cuatro calzadas
principales, apuntaban a los cuatro puntos cardinales. La primera, calzada
Iztapalapa, era la entrada principal que comunicaba con los pueblos del sur. La
segunda se dirigía al poniente, con dirección a Tacuba. La tercera corría hacia
el norte por la actual calle de Argentina y por la última, se iba al oriente
por las actuales calles de Guatemala, hasta el embarcadero de Texcoco.
En aquella época, había tres
tipos de calles, además de las calzadas, las de tierra, las de agua, que
constituían el medio vial de transporte más difundido y eficaz, y las calles
mixtas.
El traslado de mercancías por
los canales de la gran Tenochtitlan, de una forma más fácil, hizo que los
aztecas fabricaran un medio de transporte muy eficaz: los "acallis" o
canoas que, incluso, transportaban chinampas. Los "acallis" eran
labrados en una sola pieza de un grueso tronco de roble. Las más grandes tenían
una capacidad para transportar hasta setenta personas.
Las "jangadas" o
balsas de bambú atadas sobre calabazas, eran utilizadas para cruzar los ríos.
Otro medio de comunicación era el "albarradón" o dique-calzada. El
más importante era el de Nezahualcóyotl que tenía 16 kilómetros de longitud,
cuatro metros de altura y nueve de ancho.
Con la llegada de los españoles
y el inicio de la construcción de la nueva Ciudad, hacia 1522, se dio inicio al
nuevo trazo urbanístico. Aunque se conservaron las cuatro parcialidades que
habían establecido los aztecas, los conquistadores cambiaron sus nombres.
Atzacoalco cambió por San Sebastián; Zoquipan, por San Pedro; Moyotla, por San
Juan y Cuecopan, por Santa María Redonda.
Una vez trazado el centro, se
construyeron las primeras calles: Pino Suárez, Tacuba, Madero, Brasil,
Argentina, Guatemala, Moneda, Corregidora, 5 de Febrero y 16 de Septiembre.
Todas fueron pavimentadas con piedras del Río Tacubaya. San Juan de Letrán y
Santa Isabel que eran calles de agua, se siguieron utilizando para el tránsito
de canoas.
El transporte en el Virreinato
se realizaba principalmente en caballos, mulas, coches, carretas y en los
"acallis" y "jangadas". Pronto, el caballo cobró fuerza
sobre la canoa, debido a su rapidez y nobleza, mientras que los burros y mulas
sirvieron para el transporte de carga.
Pronto
aparecieron las carretas, la primera de ellas perteneciente a Hernán Cortés y
poco después surgieron los coches y carruajes que eran tirados por caballos.
Para 1648 de entre 30 mil y 40 mil habitantes que había en la Ciudad, más de la
mitad poseían un vehículo de estos lo que ocasionó serios problemas de
tránsito.
El problema llegó a tal grado
que Felipe II prohibió importar más coches a la Nueva España. La medida
ocasionó que se formara un gremio de carroceros que cobraban por el alquiler de
un carro o carreta.
El auge de los coches de
alquiler se dio a finales del siglo XVII, cuando Manuel Antonio Valdés Murgía
propuso al Virrey Revillagigedo establecer una casa de coches que se alquilaran
por hora. Se comenzó con ocho carros en la plaza de Santo Domingo, cada uno con
capacidad para cuatro personas máximo y con un reloj que indicaba la hora de en
que se tomaba y se dejaba el carruaje.
Si algún ciudadano deseaba salir de la ciudad,
debía hacerlo en un ómnibus de color amarillo que contaba con 16 asientos y era
tirado por dos troncos de ligeros caballos trotones.
Con una población creciente,
para principios del siglo XIX, en la ciudad se contaba ya con 160 mil
habitantes y circulaba gran cantidad de vehículos. Sin embargo la Guerra de
Independencia ocasionó que el país cayera en una crisis política, económica y
social que no cesó hasta 1850. Las vías de comunicación se vieron seriamente
afectadas y se interrumpió el tráfico de productos manufacturados y bienes de
consumo.
Los canales se volvieron
intransitables debido a la gran cantidad de basura que se tiraba en ellos, sin
embargo, el de Chalco, que terminaba cerca del Palacio de Gobierno, se seguía
empleando para la transportación de víveres a la ciudad. Subsistían las canoas
y las trajineras pero los problemas en los medios de transporte repercutían en
el tráfico, la minería, la hacienda pública y la agricultura.
Después
de 1824, año en que se erige a la Ciudad de México como sede de los poderes, la
geometría urbana había cambiado, aparecieron las primeras glorietas y cruceros
aunque la intensa actividad de autos seguía ocasionando problemas de vialidad.
Para atender el problema, en
1830, se expidió el primer Reglamento de Tránsito, expedido por el gobierno de
la capital. En él se establecían límites de velocidad, y se pretendía tener
control sobre las tarifas y el uso de los vehículos.
El incremento en la demanda de
transporte llegó a tal grado que surgió la inquietud de construir una vía de
fierro. La primera concesión para una vía férrea que uniera la capital de
Veracruz la otorgó el Presidente Anastasio Bustamante en 1825, a don Francisco
Arrillaga.
Treinta años más tarde los
señores Mosso Hermanos obtuvieron la concesión del camino México-Villa de
Guadalupe, aunque la vía se inauguró dos años más tarde bajo el auspicio de don
Antonio Escandón. El servicio inició con cuatro viajes diarios con tarifa
general de cuatro reales (0.50 centavos) por viaje y transportaba a 300 mil
pasajeros al año.
Surgió otro tramo de Plaza de
Armas a Tacubaya con un servicio mixto. Se empleaba una máquina de vapor de
Paseo de Bucareli a Tacubaya y otra de tracción animal de Bucareli al Centro de
la Ciudad.